Cómo usar a favor la estadística en los exámenes tipo test 📈

A la hora de preparar una prueba es importante adaptarnos a su formato, ya que el tipo de examen va a determinar de forma importante la forma en que estudiemos para obtener el mejor resultado posible. A continuación te daremos unos cuantos consejos para afrontar una prueba de tipo test, muy útil para cualquier estudiante y especialmente si vas a opositar. ¿Qué secretos hay a la hora de prepararnos y cómo usar a favor la estadística en los exámenes tipo test? Te lo contamos.

Algunos secretos para la preparación de exámenes tipo test ✍️

El primer secreto que debemos conocer para contestar estos exámenes reside en saber que, a diferencia de los de desarrollo, no hay que memorizar nada de arriba a abajo, ningún texto, y mucho menos un tema, a excepción de los datos puros como fechas, plazos, porcentajes etc.

Tampoco es necesario saber exponer nada, obviamente. Otro factor que va a influir, será el nivel de cultura general del alumno/a, pues en algunas ocasiones le puede permitir encontrar las respuestas adecuadas gracias a otros conocimientos que ya tuviese.

Otra cuestión importante es comprender y razonar el temario cuando lo estamos estudiando, ya que en estos exámenes encontraremos muchas preguntas retorcidas o incluso mal planteadas, pero a las que podremos darle solución con nuestro entendimiento de su significado.

También es de suma importancia leer todas los preguntas con detenimiento y las veces que sea necesario. Esto último es muy importante, sobre todo para aquellas personas que dominan bien su temario y que al empezar a leer una pregunta toman carrerilla y obvian su contenido. Muchas veces, y por un exceso de confianza, caen en la trampa de la pregunta. Es por eso que tras estos exámenes se oyen a veces desgraciadas explosiones de lamento tales como: ¿Cómo me he podido equivocar aquí…?. o «el caso es que me la sabía muy bien…», o «¡Ay, qué fallo más tonto he cometido!» Por tanto, como ya hemos dicho antes, es clave no precipitarnos y detenernos a leer para no cometer errores de este tipo.

En ocasiones también sucede que cuando leemos la pregunta por segunda o tercera vez nos resulta muy entendible y fácil de contestar, justo lo contrario que habíamos percibido la primera vez que la habíamos leído. Esta sensación nos puede pasar en aquellas preguntas que están formuladas de manera distinta a como las habíamos estudiado, así como también en aquellas en las que no habíamos captado su contenido por falta de atención o por falta de comprensión.

¿Cómo debemos contestar los exámenes tipo test? ✅

Desde luego, empezaremos a contestar por la primera pregunta y, leyendo así, por orden, ir contestando tranquilamente todas aquellas que sepamos con certeza.

Después de esta primera vuelta haremos una reflexión: ¿Tenemos contestadas las suficientes respuestas certeras como para aprobar el examen o sacar una nota que consideramos suficiente? ¡Ojo!

En este caso estamos suponiendo que lo que más nos interesa es simplemente aprobar el examen. No nos estamos refiriendo ahora a sacar plaza, donde no basta con aprobar o sacar un 6, sino que es necesario, además, obtener una nota cuanto más alta mejor.

a) Si la respuesta es afirmativa y tenemos tiempo para ello, haremos primeramente un repaso de las preguntas ya contestadas anteriormente, en la primera vuelta, pues son las que mejor conocemos.

Por esta misma razón, dicha tarea nos llevará muy poco tiempo y será bastante fácil de realizar. De esta forma conseguiremos hacer algo muy conveniente, que es asegurarse contra los fallos «tontos» que hayamos podido cometer sin damos cuenta. Si todo está correcto, leeremos a continuación, una vez más y con detenimiento, las preguntas que hemos dejado sin contestar, en busca de alguna que se nos hubiese escapado o que podamos contestar ahora, bien porque hemos caído en la respuesta correcta gracias a esta segunda vuelta, o bien, gracias a las preguntas ya contestadas, las cuales nos pueden proporcionar a veces la información necesaria para ello.

b) Si no hemos contestado las suficientes preguntas en el examen como para alcanzar el nivel de aprobado, habrá que arriesgarse. Para ello, tendremos que tener en cuenta la fórmula matemática siguiente: «1/(número de opciones posibles – 1)» Supongamos, por ejemplo, que el examen tiene cuatro opciones posibles para contestar (a, b, c y d). El resultado de la aplicación de esta sencilla fórmula matemática es: 1/(4-1) = 1/3 Donde el número «4» es el número de opciones posibles. El valor obtenido: 1/3», o lo que es lo mismo: 0,33», como prefiramos, representa el equilibrio o igualdad matemática.

¡Fíjate con atención!

Podemos y debemos arriesgarnos siempre que nos quiten 0,33 puntos o menos por cada respuesta negativa (errónea) que contestemos. Si por cada respuesta negativa nos quitasen más de 0,33 puntos, la dejaremos en principio sin contestar, en blanco.

Prestemos ahora atención al denominador de la fracción del resultado: 1/3. También es totalmente correcto interpretar dicha fracción diciendo: «De cada tres respuestas negativas (el denominador) nos quitan una positiva (el «1» del numerador. En realidad este siempre será 1)».

Si en vez de eso decimos que de cada tres respuestas negativas nos quitan una buena (o positiva), cuya fracción resultante sabemos que es 1/3, nos dijesen un número de respuestas negativas mayor que el denominador de esa fracción (podrían decimos, por ejemplo, que cada cuatro respuestas negativas nos quitan una positiva, o incluso un número mayor de 4), sin dudarlo nos arriesgaremos en todas, pues llevaremos las probabilidades matemáticas a nuestro favor, y en una proporción sumamente ventajosa.

En este caso, repito, no debemos dejar ninguna respuesta sin contestación, pero como dijimos anteriormente, no se deben contestar a lo loco; sino habrá que intuir las respuestas, tal y tomo veremos más adelante.

Fíjate que en este caso, para que debamos «arriesgamos» claramente y con total ventaja, el denominador resultante de aplicar lo que nos dicen que nos van a quitar por cada fallo tendría que ser mayor de 3, pero también podría suceder, que el denominador de la fórmula fuese menor que el 3 y tendiese, por tanto, hacia el 1, lo que sucedería si nos dijesen, por ejemplo, que de cada «2» respuestas negativas nos van a quitar una positiva, cuya fracción resultante sería 1/2. Si esto fuese así, las dudosas deberíamos dejarlas, en principio, sin contestar.

No obstante, casi siempre sucede que entre las preguntas que dejamos sin contestar, por dudosas, hay unas cuantas de ellas en las que nuestra duda se limita solamente a dos o tres de las opciones disponibles, y no a todas ellas. De hecho, los casos en los que no tenemos ni idea de la respuesta correcta son realmente excepcionales, pues casi siempre dicha pregunta «nos suena a algo» y podemos descartar alguna de las opciones que nos dan como posibles. Así, con frecuencia decimos en muchas preguntas dudosas: «Esta respuesta seguro que no es».

En estos casos volveremos a tener en cuenta el resultado de la fórmula para contestarlas, tras descartar las que sabemos con toda seguridad que no son ciertas, pues habrá muchas preguntas en las que dudaremos entre dos opciones solamente (otras será entre tres, etc.).

Por ello, nuestra fórmula cambiará según las opciones dudosas que tengamos. Así, finalmente usaremos dos o tres fracciones distintas para cada grupo de preguntas dudosas del examen, ya que estas deberemos agruparlas por el número de opciones reales entre las que dudemos.

Ves que, lógicamente, no es igual arriesgarse a contestar cuando dudas entre las cuatro opciones de una pregunta que cuando solamente es entre dos de ellas.

Si el resultado de nuestra fórmula coincide con lo que nos quitan por cada pregunta fallida, de modo que nos encontramos en una situación de equilibrio matemático, o lo que es lo mismo, de total igualdad, el hecho de contestar o no a ese grupo de preguntas dudosas dependerá también de nuestra situación en el examen.

Recordad también que muchas de las veces el mejor método para contestar las preguntas, sobre todo las dudosas es mediante el sistema de eliminación.

Una curiosidad realmente interesante que nos sucederá con más frecuencia de lo que parece es que algunas preguntas del examen, y más en concreto su enunciado (aunque también puede suceder en menor medida con alguna de sus opciones), llegan a aclararnos las dudas de alguna pregunta anterior que tuvimos que dejar sin contestar en la primera vuelta. Tenlo, pues, en cuenta.

Intuición en las respuestas 🧠

Cuando tengamos una probabilidad matemática favorable, Según la fórmula que hemos visto anteriormente, y por tanto debamos arriesgarnos a contestar aquellas preguntas que hemos dejado en blanco (por dudosas o por no saber en absoluto por dónde puede ir la respuesta correcta), el procedimiento que deberemos seguir será el de intuir las respuestas y marcar entonces una de ellas. Lo haremos sin ningún miedo, pues no tenemos nada que perder.

La forma de hacerlo será la siguiente: La primera norma a tener en cuenta a la hora de contestar intuyendo las respuestas será que, la mayoría de las veces, ante una pregunta dudosa la opción correcta suele ser la primera que nos vino a la cabeza.

Pero también es cierto que si en el repaso estamos casi convencidos de que cometimos un error al marcar una de las opciones, deberemos rectificarlo marcando la nueva respuesta que creamos conveniente y anulando la anterior. Dicho de otro modo: si tras repasar una pregunta nos viene a la cabeza otra opción de forma muy clara, deberemos escoger esta última, pues la estadística nos viene a demostrar que estos cambios suelen ser acertados.

Si nuestra fórmula nos indica que debemos arriesgamos a contestar las preguntas dudosas, pero no sabemos qué opción escoger, lo mejor será entonces suponer una igualdad en el recuento final (que, por otra parte, existe en muchas ocasiones), tras sumar y clasificar todas las opciones certeras (a, b, c, d, …) según el número de veces que haya salido cada una de ellas.

Esto es fácil de demostrar. Por ejemplo, si cualquier persona escribe de manera rápida e indiscriminada las letras «a b y c», una debajo de la otra, y luego hace un recuento de ellas, verá cómo en muchas ocasiones obtiene un número de apariciones de cada una de las letras que tiende a una increíble igualdad.

Por este motivo, contestaremos las preguntas dudosas con las opciones que menos veces hayan salido y, en caso de una igualdad parecida, lo mejor será marcar la opción que más tiempo lleve sin salir. Esto es debido a que, en la confección de estos exámenes, los examinadores casi siempre tienden a una compensación inconsciente que buscará equilibrar el número de apariciones de cada una de las opciones conectas.

Fuente: libro y conferencias de Ramón Campayo

Nota: En todo caso, ten en cuenta que no hay un solo método válido. Siempre utiliza el método y/o los consejos con los que tu te encuentres a gusto. Y recuerda, el verdadero truco infalible es ESTUDIAR MUCHO Y CON CABEZA.

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